Alpe d’Huez, un lugar emblemático en la historia del Tour de Francia, se prepara para un evento sin precedentes con dos finales consecutivos en la edición actual. Esta decisión de la organización busca explorar nuevas rutas en un escenario ya conocido, ofreciendo un desafío renovado a los ciclistas.
La primera jornada mantendrá el ascenso clásico desde Gap, con sus 21 curvas de herradura que han forjado la leyenda del puerto. Este recorrido es familiar para los corredores, quienes conocen cada metro y las estrategias a seguir en sus rampas.
Una nueva vertiente para Alpe d’Huez
Un día después, la carrera regresará a Bourg d’Oisans, pero con una aproximación diferente. Los ciclistas ascenderán por la vertiente del Col de Sarenne, una carretera descrita como más salvaje, estrecha e irregular. Esta ruta, que en el pasado se consideraba incompatible con una prueba de la magnitud del Tour, será ahora el acceso definitivo a Alpe d’Huez.
El director del Tour, Christian Prudhomme, ha señalado que la idea no es solo ascender por el Col de Sarenne, sino escalar por esta vertiente que muchos consideraban impracticable. La carretera de Sarenne se adentra en un paisaje más solitario y ofrece una sensación de aislamiento y dureza que puede alterar completamente la carrera. A diferencia de las 21 curvas tradicionales, Sarenne presenta menos referencias para los corredores, lo que exige una gestión diferente debido al firme, la anchura de la carretera y los cambios de pendiente.
Esta jornada ha sido calificada como la etapa de montaña más dura del Tour actual, con un desnivel de 3.450 metros. La etapa llega al final de tres semanas de competición, cuando las fuerzas de los ciclistas están al límite, lo que significa que cualquier error podría tener consecuencias significativas. No habrá margen para corregir fallos ni una montaña posterior para recuperar el terreno perdido, lo que sugiere que el Tour podría decidirse en este tramo.
El recuerdo de 2013 y el espíritu de la montaña
El Col de Sarenne no es completamente desconocido para el Tour. En 2013, la carrera lo utilizó en una etapa histórica que incluyó dos ascensiones a Alpe d’Huez. En aquella ocasión, los corredores subieron primero por las 21 curvas tradicionales, atravesaron la estación y descendieron por Sarenne antes de regresar a Bourg d’Oisans para afrontar otra vez el ascenso clásico. Christophe Riblon consiguió la victoria en esa etapa, que estuvo marcada por el desgaste y la tensión de un descenso delicado.
Aquella experiencia demostró que Sarenne podía formar parte de un recorrido exigente. Ahora, la organización ha dado un paso más, convirtiéndolo en el acceso principal a Alpe d’Huez. Este cambio transforma su papel de zona de transición a escenario crucial para los aspirantes al podio.
El carácter imprevisible de la vertiente de Sarenne es precisamente lo que busca la organización. El Tour de Francia moderno intenta evitar que las grandes etapas se reduzcan a un ataque en los últimos kilómetros, buscando recorridos que generen dudas y castiguen estrategias conservadoras. Sarenne reúne estos ingredientes, con un paisaje abierto y desprotegido donde el viento y las condiciones meteorológicas pueden ser decisivas.
Alpe d’Huez ha sido testigo de victorias de ciclistas como Fausto Coppi, Joop Zoetemelk, Marco Pantani, Lance Armstrong, Carlos Sastre, Thibaut Pinot y Geraint Thomas. La combinación de las dos etapas en esta edición podría ser determinante para los aspirantes a la clasificación general. La primera ascensión servirá para reencontrarse con la leyenda, mientras que la segunda ofrecerá la oportunidad de escribir una nueva historia en el Tour de Francia.

La ascensión de hoy al coloso alpino tiene 13,8 kilómetros con un desnivel del 8,1%. Las primeras cinco curvas, hasta la aldea de La Garde, no bajan del 10%. El récord de la subida lo mantiene Pantani con 36:40, logrado en 1995.

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Source: marca.com
